Lo que no se nombra, no existe

lo que no se nombra no existeEsto es así.
El último caso de pederastia en Madrid, ha alertado tormentosamente a padres, madres, tíos, tías, abuelos, abuelas…
No es para menos, porque es difícil no pensar que también podría pasar en nuestra familia; aquí me gustaría hacer un inciso, y es que, es una pena, que en lo que respecta a los sucesos negativos, enseguida nos atribuimos las consecuencias y nos vemos envuelt@s por el miedo, en cambio, cuando conocemos casos alegres, de méritos ajenos o reconocimiento, lejos de contentarnos y motivarnos, los obviamos, incluso a veces nos provocan rechazo, pero ¿por qué esto es así? Es un tema del que me gustaría hablar, pero lo dejo para otra ocasión.
Continuando con lo anterior, el miedo que provocan estos casos de pederastia, nos lleva a proteger a “nuestras” niñas, explicándoles todo lo que no deben hacer para que no pase, cosa que me parece oportuna siempre y cuando se les hable de todo. Con esto me refiero a los genitales femeninos.
A estas alturas continuamos poniendo a la vulva mil nombres diferentes.“Las niñas tienen un <mumu>, una florecita, una pelusilla, un enchufecito […] casi cualquier nombre que uno pudiera dar a una mascota pequeña y suave […]” constató la periodista Mimi Spencer en un artículo en The Guardian.
Lo que conseguimos con esto es quitarle importancia, no nombrarlo, que continúe siendo desconocido para las niñas, distanciándolas de su propio cuerpo. 
¿Nos hemos planteado lo difícil que sería para una niña, que necesitara hablar de su vulva, si no se le permite nombrarla? ¿Cómo podrán explicar lo que les está sucediendo?
Pongamos nombre a las cosas, la vulva, es la VULVA, es bonita y huele bien.
Es absolutamente contraproducente que los chicos puedan expresar con total libertad, en tono positivo, lo que opinan sobre sus penes, incluso jugar a comparar tamaños, mientras que las chicas no hacen más que escuchar chistes que desvirtúan sus genitales, sobre su olor o su aspecto, ya que lo único que se consigue es que se escondan, o incluso que se rechacen.
Porque lo que no se nombra, no existe, y lo que se “malinterpreta”, se rechaza.
El autoconocimiento y la sana autoestima son la mejor protección.

Gracias a Mithu M. Sanyal, por ese magnífico libro que es “Vulva, la revelación del sexo invisible”

 

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