Más miedos en el cuerpo

Continuando con nuestro “miedo a la libertad”… se aplica en todos los ámbitos de nuestra vida y en especial en la sexualidad.

¿Qué se nos enseña sobre la sexualidad? ¿Realmente la desarrollamos según nuestras propias ideas? ¿Llegamos a crear nuestra propia sexualidad?

Como bien sabemos la sexualidad se desarrolla desde que nacemos hasta que nos morimos, esto quiere decir que desde el mismo instante de nuestro nacimiento (e incluso antes) comenzamos a construirnos, a partir de lo que nos rodea, y empezamos a vivir la sexualidad tal y como se vive a nuestro alrededor; si los mensajes que recibimos acerca de la sexualidad y las experiencias que vivimos respecto a ella, son positivas, construiremos un modelo sano y positivo, y si por el contrario son negativas o indiferentes, construiremos un modelo negativo.

Un ejemplo muy claro  aparece en nuestra infancia, es el momento en el que descubrimos nuestro cuerpo a través de caricias, con ellas tenemos sensaciones agradables sin reparar en saber si es bueno o malo, simplemente vivimos el momento y lo disfrutamos, pero el signo puede cambiar cuando entra nuestro padre o nuestra madre a decirnos que lo que estamos haciendo está mal una y otra vez, ya que a partir de ese momento, aunque sigamos sintiendo deseo de hacerlo y sigamos teniendo sensaciones agradables, entra en juego “la razón” que nos recuerda que eso “no se debe hacer”, por lo que dejamos de disfrutar plenamente de ello.

De este ejemplo tan claro, y tan conocido y evitado por todos/as los/as padres y madres, pasamos a ejemplos no tan extendidos.

El sexo ha pasado de estar prohibido a ser obligatorio.

“El sexo es vida” aparece en la contraportada de los periódicos más leídos diariamente.

Esta gran premisa, que parece que nos ayuda a normalizar el sexo, lo que hace en realidad es tirar piedras contra nuestro propio tejado.

¿Cuál es el modelo que se vende del sexo? Relaciones sexuales basadas en los genitales, el pene y la vagina son únicos protagonistas, da igual que sean relaciones heterosexuales u homosexuales, si no actúan el pene y la vagina, no es sexo. (Aprovecharé otra entrada para extenderme en esto)

Como parte de una sociedad, mis relaciones sexuales se basarán en la búsqueda de ese modelo, en la búsqueda de relaciones genitales que me hagan sentirme dentro de “la norma”, por lo tanto, ¿Qué pasaría si no tuviésemos relaciones genitales tan a menudo? ¿Nos sentiríamos bien? ¿Las tenemos como/cuando nosotros/as queremos? ¿O más bien como/cuando las “debemos” tener? ¿Qué pasa cuando llevamos un tiempo sin tener relaciones? ¿Deseamos volver a tenerlas porque nos apetece o porque ha pasado demasiado tiempo?

Vuelve el “miedo a la libertad”.

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