Miedo a la libertad

¿Somos libres? O lo que es más importante ¿Queremos ser libres? En mi humilde opinión, ni una cosa ni la otra.

Las personas cuando nacemos ya estamos destinadas a ser de una manera u otra, la cultura nos forma y el miedo nos guía.

Desde que nacemos aprendemos a ser como se nos dice que tenemos que ser, lo que podemos y no podemos hacer, y sobre todo, lo que debemos y no debemos hacer.

Cuando somos tan pequeños que “la razón” aun no nos domina, todavía actuamos desde lo que deseamos hacer, pero ahí están siempre al acecho las fuerzas del deber, guiándonos…

Hay un momento en la vida en el que somos conscientes de eso, y ése es el momento en el que nos creemos capaces de todo…ahora soy yo, y sólo yo, quien decide…

 Aun así, llegado este momento, no llegamos a salirnos de la norma…Salirnos de ella implicaría tanta inseguridad que no estamos dispuestas/os a abandonar nuestro confort por ello, porque al fin y al cabo, el hecho de ser aceptadas/os socialmente nos da seguridad, ganamos autoestima, y eso, no se arriesga.

Cuando nuestras ideas, intenciones, dudas…se salen de la norma, les damos un empujón hacia dentro, no vaya a ser que seamos rechazados.

 Por todo ello… ¿Realmente queremos ser libres? ¿Realmente estamos dispuestas a abandonar esa seguridad? 

Miedo a la libertad

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Infidelidad, una cuestión de ser

¿Verdad que cuando alguien nos gusta y nos acercamos, sentimos cierta atracción sexual? Pues igual que eso es cierto, también lo es, que cuando comenzamos una relación de pareja, en la mayoría de las ocasiones, se da por supuesto, que eso, debemos dejar de sentirlo, porque si eso ocurre, estamos siendo “infieles”… esto me da mucho que pensar, sobre la fuerza que tiene, una vez más, la sociedad y los estereotipos en nuestra forma de actuar y pensar.

Supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que esa atracción de la que hablábamos no se puede evitar, ya que cuando un estímulo despierta un deseo, las ganas de obtener placer existen. Y supongo que también compartiréis la idea de que por mucho que se tenga pareja, las personas te siguen gustando, no dejas de fijarte en ellas.

Entonces, yo me pregunto, si sabemos todo esto, cuando empezamos una relación sentimental, ¿Por qué se da por hecho y no se habla?

A mi juicio, esto nos priva de libertad, ya que antes podíamos hacer o sentir algo, que ahora, que tenemos pareja no “debemos”. La mayoría de las personas con las que hablo de este tema, están de acuerdo en todo, pero entienden que es una forma de demostrar fidelidad y prefieren mantenerlo.

De esta forma quiero expresar cómo tenemos completamente asociada la idea de “infidelidad” a la parte física única y exclusivamente, es decir, podemos tener una pareja y compartir con nuestr@ mejor amig@ momentos que no compartiría con nadie, o confesarle cosas que no confesaría  nadie, ni siquiera a esa pareja, y eso no está mal visto, ya que no estaríamos siendo “infieles”, porque mientras ni me pongan, ni yo ponga la mano encima de nadie, todo bien, da igual el resto.

Con esto, mi única intención es invitaros a reflexionar, una vez más, sobre nuestra libertad, que nunca es nuestra, ya que siempre se enmarca dentro de los límites que nos permite la sociedad, y en base a ellos, actuamos. Y de nuevo, ¿Qué pasaría si nos saliéramos de esos límites? ¿Realmente queremos hacerlo? Probablemente no…así estamos más comod@s…

Las personas “controladoras” y el sexo

sexualidadCuando hablo de personas controladoras, me refiero a aquellas personas que tienen la necesidad de tener todo bajo control, no hay nada que se les escape, es más, lo que no está a su alcance respecto a llevar las riendas, no lo quieren, porque no están cómodas. No hablo del control sobre otras personas, si no de sí mismas, de su vida, su día a día, su rutina, incluso, a veces, sus emociones.

                Pero ¿Qué relación puede tener esto con la sexualidad? Pues no muy buena, la verdad.

                La sexualidad es la búsqueda de placer a través de cualquier medio, con el sexo utilizamos el cuerpo para ello, a través de las infinitas terminaciones nerviosas de cada uno de nuestros órganos (genitales o no). Pero para poder recibir placer tenemos que prestarnos a ello, es decir, tenemos que dejarnos llevar, dejarnos sentir, en otras palabras, dejar de utilizar nuestra cabeza, y por tanto, dejar de controlar.

                Y ¡Qué difícil es mantener una relación sexual sin que nos invadan miles de pensamientos en busca de dicho control!

                – “¿Le estará gustando?”, “Otra vez, lo hacemos cuando a él/ella le apetece”, “¿Seguro que está cansad@”, “¿Oleré mal?”, “¿Nos estarán escuchando?”…

                Cuando la cabeza está invadida por estos, u otros pensamientos, difícilmente hay lugar para el disfrute y el placer.

                Así que ¿Cómo cambiarlo eso si realmente nos consideramos ciertamente controlador@s? En el ámbito de la sexualidad, lo llamamos mantenerse en “Clave Erótica”, es decir, conseguir que tu cabeza esté con tu cuerpo. Que tus pensamientos, a menudo inevitables, permitan al cuerpo disfrutar.

Para ello, podemos intentar, por ejemplo, reproducir lo que estamos sintiendo: – “Me está encantado”, “Cómo me gusta justo ahí”, “Me encanta escucharl@”, “Qué sensación más placentera”…

                Ésta es una de las mejores formas de crear una alianza positiva entre nuestra mente y nuestro cuerpo durante las relaciones sexuales.

                Si conseguimos cambiar nuestro “diálogo interno”, las sensaciones también lo harán, y si no… ¿Por qué no probáis?